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LA HISTORIA
DE UNA
COLABORACIÓN

La colaboración entre Berris y el Racing de Santander surgió como una extensión natural de su compromiso con la inclusión y el empoderamiento. Tras trabajar juntos en el proyecto ‘Mujer Global’, ambas entidades presentan ahora una sudadera especial para el Día Internacional para la Eliminación de la Violencia contra la Mujer.


Esta prenda, confeccionada bajo criterios de responsabilidad social, no solo destaca por su diseño único, sino también por su mensaje de apoyo a las mujeres que han sufrido o sufren violencia machista. Disponible en la tienda online del Racing, cada compra apoya la lucha por un mundo más justo e igualitario, libre de violencia contra las mujeres.

HISTORIAS DE SUPERVIVENCIA

La ONG cántabra Nueva Vida, lleva más de 25 años apoyando a mujeres en situación de extrema vulnerabilidad, entre otras, mujeres y niñas que han sido víctimas de una de las formas más atroces de violencia contra las mujeres: la trata con fines de explotación sexual.

"No contaba con ninguna

red de apoyo".

Me llamo Marisol, tengo 23 años; Nací en una localidad al sur de Venezuela. Desde que tenia aproximadamente 10 años mi abuelo materno comenzó a abusar de mí. Tomé la decisión a los 14 años de irme a vivir con mi novio de 19, quedando embarazada pocos meses después.

El padre de mi hijo nos abandona, no tenia trabajo, un lugar para dormir y mucho menos familia que me apoyara. En busca de mejores oportunidades de darle una mejor vida a mi hijo un compañero de trabajo me habla de una oferta de trabajo para limpiar pisos en España.

Al llegar a España, en el aeropuerto me espera un compatriota. Me avisan que la oferta de limpiar hoteles ya no está disponible, y que solo me queda la opción de prostituirme.

Al principio me niego rotundamente, la situación se hace desesperante. No contaba con ninguna red de apoyo, por lo que tuve que aceptar la opción de prostituirme

Pasan 5 años de inmensa oscuridad en los que recorrí España de burdel en burdel y de piso en piso.

Una amiga me habla de la asociación Nueva Vida y decido contactarlos, ellos me dieron acogida en uno de sus pisos. Con la ayuda de la asociación inicie los trámites para poder traer a mi hijo a España para mejorar su enfermedad.

Tengo muchísimas esperanzas de poder hacer vida aquí en España con mi hijo y poder hacer la vida que desde muy pequeña se me ha negado.

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"Intenté escapar de manera desesperada, pero no tuve éxito".

Yo vivía en Bogotá, Colombia. Mi mejor amiga me contó que le habían ofrecido ir a España como modelo y que le iban a pagar mucho dinero. Me animó a acompañarla y, tras varios días dándole vueltas a la idea, decidí subirme a ese avión y aprovechar la oportunidad. Aunque sabía que tendría que hacer el sacrificio de separarme temporalmente de mi hija de 4 años, creía que así podría ofrecerle un mejor futuro.

Desde Colombia llegamos directamente a Madrid, donde nos estaban esperando dos hombres. Nos subimos a un coche, y todavía recuerdo claramente los cristales tintados. Nos llevaron a un pueblo en las afueras de Madrid. Llegamos a una casa enorme y, para mi sorpresa, había muchas más chicas allí. Nos quitaron el teléfono, el pasaporte y nos informaron que desde ese momento teníamos una deuda de 4.000 € que debíamos pagar.

Intenté escapar de manera desesperada, pero no tuve éxito. Tras mi primer intento de huida, recibí una paliza y amenazas serias, incluso contra mi familia. Lo intenté varias veces más, hasta que comprendí que no servía de nada. Finalmente, asumí mi situación, me resigné y traté de “tirar para adelante”.

Todavía recuerdo la noche en que, estando con un cliente, entró la Policía gritando, como en las películas: “¡Que nadie se mueva!”. Esos minutos de angustia, sin saber qué iba a pasar, me parecieron eternos. Una joven policía se acercó y me preguntó si tenía pasaporte y si estaba allí de forma voluntaria. Le expliqué que sí tenía pasaporte, pero que me lo habían quitado y que estábamos allí obligadas. Me sacaron de ese lugar y me dijeron que todo había terminado.

Después de una larga noche de declaraciones en la Comisaría, me ofrecieron ir a un centro de acogida desde donde pude empezar de nuevo. Así fue como me conocieron.

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"Cuando llegué, me encontré con una realidad totalmente inesperada".

Yo vivía en una zona rural cerca de la costa en Colombia con mis tres hijos, mi hermana y mi sobrino. Trabajaba sin descanso para poder sacar adelante a mi familia, pero, aun así, debido al pequeño sueldo que ganaba, no era suficiente para garantizarles unas condiciones dignas. El padre de mis hijos no se hacía cargo de nada.

El caso es que una vecina del pueblo me ofreció ir a Madrid para trabajar como mesera un tiempito, asegurándome que en España se ganaba mucho dinero, suficiente incluso para enviar a mi familia. Solo quería que a mis hijos no les faltara nada, así que acepté y emprendí mi viaje en busca de una vida mejor para ellos y para mí.

Cuando llegué, me encontré con una realidad totalmente inesperada. Me llevaron a un polígono muy conocido en las afueras de Madrid. Allí, junto con muchas otras chicas en mí misma situación, vivía en una finca privada. Las condiciones eran horribles: todas dormíamos en cuartos enormes con muchas literas, y para comer siempre nos daban un bocadillo de jamón y una bebida.

En ese momento, al verme retenida y sin salida, me di cuenta del engaño del que había sido víctima y del futuro que me esperaba. No podía comunicarme con nadie, ya que nos habían quitado los teléfonos. Además, si intentábamos hacerlo, corríamos peligro no solo nosotras, sino también nuestras familias, ya que nos dijeron que vigilaban todos nuestros movimientos en nuestros países de origen.

Viví situaciones horribles. Me obligaban a consumir cocaína e ingerir anfetaminas para no engordar, y no podía rechazar a ningún cliente.

Pasado un año, finalmente un cliente me ayudó a salir de allí. Varias chicas logramos declarar al mismo tiempo, desmantelando una de las redes de trata que operaba en Madrid en esos momentos. A través de la Policía y una organización, fui derivada a Nueva Vida.

Tiempo después, conseguí traer a mis hijos a España. Ahora tengo un trabajo indefinido y una vida completamente autónoma.

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